El negocio de las residencias es una mina en un país que envejece. Que los buenos médicos deben estar donde hacen falta es su proyecto justo y legítimo. Quizá no exactamente legal. Según quién lo juzgue. Los intereses de los inversores se cruzan y la ambición no cede, porque cuando encuentra una veta que puede aumentar su riqueza, la explota hasta esquilmarla. También se llama codicia y es difícil hacerle frente;sin embargo, tampoco es fácil abandonar ese barco.