El rico y variado patrimonio construido por las culturas campesinas fue relegado por las dos corrientes del pensamiento industrial aplicadas al campo: el desarrollismo agrario y el conservacionismo. Las políticas de conservación de la naturaleza en España durante el siglo xx, con excepción de la propuesta por la Segunda República, desatendieron, cuando no persiguieron, los sistemas vernáculos de conocimiento campesino a pesar de que habían sido los responsables de la conformación paisajística, ecológica y geográfica de los territorios rurales y, en consecuencia, acreditaban varios siglos de experiencia en la gestión y ordenamiento del campo. Conocimientos vernáculos, ordenanzas locales que regulaban el uso de los recursos naturales e instituciones campesinas de gobierno constituyeron en el pasado el núcleo esencial de las culturas campesinas cuya rehabilitación, adaptada a un nuevo tiempo necesariamente posindustrial, se alienta desde estas páginas. Superar las teorías conservacionistas concebidas desde la perspectiva industrial y contener los procesos de deriva ecológica suscitados tras el abandono campesino requiere poner en práctica una nueva teoría cultural para la conservación de la naturaleza que rediseñe las relaciones de los territorios campesinos en vías de extinción con el resto del territorio regional e incorpore los aspectos culturales, económicos, agroecológicos y sociales que los definen y no solo la singularidad de sus elementos biológicos. Jaime Izquierdo Vallina Desde hace más de veinte años Jaime Izquierdo Vallina (Asturias, 1958) trabaja en los territorios de genuina naturaleza campesina por superar los conflictos que han enfrentado las aspiraciones de desarrollo de la comunidad local con las de conservación de la naturaleza. En su opinión, para solventar este desencuentro, propiciado en buena medida por la influencia hegemónica del pensamiento urbano-industrial, se hace imprescindible cambiar de perspectiva en ambas políticas -desarroll